CATA SHERRY
hace 2 meses
Ayer presencié una situación muy desagradable causada por la actitud de una trabajadora del supermercado. Se trata de una mujer morena, de aproximadamente entre 35 y 45 años, con tatuajes. Eran las 21:26 cuando una persona de avanzada edad intentó acceder al establecimiento para comprar una botella de agua o algún otro artículo rápido. No pude ver exactamente qué necesitaba, pero por sus gestos parecía que iba a comprar únicamente un producto, posiblemente algo necesario. El horario de cierre del supermercado es a las 21:30, no a las 21:26. Sin embargo, esta trabajadora le negó la entrada de muy malas formas, con una actitud chulesca, prepotente y totalmente carente de empatía y respeto. Le respondió, delante de todos los presentes, diciendo algo como: “¿Tengo que dejar pasar a todo el que venga a esta hora?”. Si la empresa tiene una norma interna por la que, a partir de las 21:25, ya no se permite la entrada de clientes, esa situación puede explicarse con educación, amabilidad y respeto, especialmente tratándose de una persona mayor. Lo que presencié fue todo lo contrario. La señora, sin entrar en ninguna discusión, se marchó. Mientras tanto, varias personas que estábamos haciendo cola en las cajas nos quedamos sorprendidas e incómodas por la forma en que fue tratada. De hecho, un cliente que se encontraba en otra caja le comentó a la trabajadora que aún eran las 21:26 y que esa persona debería haber podido entrar. Aun así, la empleada continuó respondiendo con malos modales y un tono poco adecuado. Después de lo ocurrido, he decidido no volver a realizar mis compras en este supermercado, donde hasta ahora hacía la compra semanal tanto para mí como para mi familia. Además, no lo recomendaré a nadie, ya que considero que el trato al cliente es tan importante como los productos que se venden. Mientras esta trabajadora continúe desempeñando sus funciones en este supermercado, no volveré a comprar aquí. Solo me plantearía regresar si la empresa toma medidas y deja de estar destinada en este establecimiento, ya sea mediante un cambio de centro de trabajo o cualquier otra decisión que considere oportuna. Considero que una persona con esa actitud y esa falta de respeto hacia los clientes no debería representar la imagen de un supermercado que pretende ofrecer un buen servicio. Y, por último, me gustaría comprobar si esa norma realmente se aplica por igual a todo el mundo. Algún día acudiré a las 21:28 para comprar únicamente una botella de agua. No creo que a mí me hablen de la misma forma en que trataron a aquella señora mayor y, por supuesto, si el establecimiento continúa anunciando que permanece abierto hasta las 21:30, entenderé que tengo derecho a entrar y realizar una compra rápida.