Marc Puig
hace 1 mes
Una reflexión para quienes dejamos reseñas sobre personas que trabajan de cara al público Después de leer la reseña de Giovanni, me gustaría hacer una pequeña reflexión. Entiendo perfectamente que si alguien espera más de lo previsto por un encargo pueda sentirse molesto y que quiera expresar su descontento. Es totalmente legítimo. Pero quizá deberíamos pensar un poco antes de convertir una mala experiencia en un juicio personal hacia el trabajador que nos está atendiendo. Las personas que trabajan en una fleca, una caja, una carnicería, una cocina o cualquier puesto de atención al público no son máquinas. No sabemos qué está pasando detrás del mostrador, cuántos pedidos llevan, cuántas personas han atendido ese día, si están solos, si están intentando sacar adelante varios encargos a la vez o simplemente si están teniendo un día complicado. Porque cuando llevas horas atendiendo a cientos de personas y algunas te hablan mal, te exigen las cosas de malas maneras, te hablan con desprecio o descargan contigo su frustración, también llega un momento en que estás cansado. Sigues haciendo tu trabajo, porque eres profesional, pero detrás del uniforme sigue habiendo una persona. Por supuesto que se puede reclamar cuando un servicio no funciona. Pero hay una diferencia enorme entre decir “he esperado demasiado y el servicio debería mejorar” y señalar a una persona concreta diciendo que su trabajo ha sido “realmente horrible”. Quizá antes de escribir determinadas cosas deberíamos hacernos una pregunta muy sencilla: ¿Me gustaría que alguien hablara así de mí después de una jornada de trabajo? La próxima vez que estés esperando detrás de un mostrador, piensa que la persona que tienes delante probablemente lleva muchas horas trabajando y que, al igual que tú, también puede tener un mal día. Un poco de paciencia, respeto y empatía no cuesta nada. Y quizá, si todos nos tratáramos como nos gustaría que nos trataran a nosotros, habría muchas menos reseñas que escribir. ❤️